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Cierre fiscal vs cierre financiero: por qué no son lo mismo (y por qué uno te puede estar mintiendo)


Ilustración abstracta en tonos claros que representa el contraste entre el cierre fiscal y el cierre financiero en la toma de decisiones empresariales

Diciembre suele ser el mes más engañoso para muchos negocios. Facturas al día, impuestos calculados, contador tranquilo… y aun así, algo no cuadra.

La razón casi siempre es la misma: confundir el cierre fiscal con el cierre financiero. Y aunque suenan parecido, no son lo mismo, ni sirven para lo mismo.

Entender esta diferencia puede ser la línea entre empezar enero con control o arrancar el año tomando decisiones a ciegas.


¿Qué es realmente el cierre fiscal?

El cierre fiscal es el proceso que busca cumplir con las obligaciones ante el SAT. Se enfoca en:

  • Ingresos y deducciones

  • Impuestos causados

  • Cumplimiento normativo

  • Presentación correcta de declaraciones

Su objetivo es claro: cumplir con la autoridad.


Y ojo, esto es indispensable.

Pero tiene una limitación importante: no está diseñado para decirte cómo está tu negocio en realidad.


¿Entonces qué es el cierre financiero?

El cierre financiero responde a otra pregunta mucho más incómoda, pero más útil:

¿Mi negocio es realmente rentable, líquido y sostenible?

Aquí se analizan cosas que el cierre fiscal no prioriza:

  • Flujo de efectivo real

  • Deudas de corto y mediano plazo

  • Utilidad operativa

  • Dependencia de financiamiento

  • Capacidad para crecer o resistir un mal mes

Mientras el cierre fiscal ve cumplimiento, el cierre financiero ve salud.


El error más común en diciembre

El error no es cumplir con el SAT. El error es creer que con eso es suficiente.

Muchos negocios toman decisiones importantes en diciembre basándose solo en números fiscales:

  • Endeudarse “porque es deducible”

  • Comprar activos sin revisar flujo

  • Cerrar el año sin analizar liquidez

  • Arrancar enero sin claridad financiera

El problema es que los impuestos no miden el oxígeno del negocio. Y un negocio puede estar “bien fiscalmente” y al mismo tiempo estar ahogado financieramente.

Cumplir no siempre significa estar sano.

Por qué esta diferencia define tu arranque de año

Enero no perdona improvisaciones.

Si llegas al inicio del año sin entender tu situación financiera real:

  • Las decisiones se vuelven reactivas

  • El estrés aumenta

  • El crecimiento se posterga

  • Los problemas se arrastran todo el año

Un buen cierre financiero en diciembre no es para “verse bien", es para decidir mejor.

Decidir:

  • cuánto puedes invertir

  • cuánto puedes endeudarte (si es que conviene)

  • qué áreas necesitan ajustes

  • qué tan sólido es tu flujo


Evita tomar decisiones a ciegas

No se trata de elegir entre cierre fiscal o financiero. Se trata de no confundirlos.

El cierre fiscal te dice:

“Cumples.”

El cierre financiero te dice:

“Puedes crecer, resistir o necesitas corregir.”

Cuando ambos se entienden y se analizan de forma correcta, el negocio deja de operar por intuición y empieza a operar con datos.

Y eso, especialmente al cierre de año, hace toda la diferencia.


¿Conclusión?

Diciembre no es solo para cerrar números, es para entenderlos.

En los próximos días hablaremos de cómo la tecnología y la automatización pueden ayudarte a tener mayor claridad financiera y tomar mejores decisiones rumbo a 2025.

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